Había escuchado a muchos románticos alabar los versos de Whitman. Mi prejuicio me privó por muchos años de leerlo, por juzgarlo dulzón. Qué equivocada estaba.
Por curiosidad me topé con Hojas de hierba (Leaves of grass) y me sacudió su realismo, su descaro y su pasión. Lo enamorado que estuvo de la vida en todas sus dimensiones y la inocencia de ese amor, que afortunadamente dejó plasmada en sus poemas.
Cito aquí del poema Canción de mí mismo (Song of myself) este fragmento:
Iré a la ribera por el bosque y me tornaré descarado y desnudo
Me muero por estar en contacto conmigo.
¡Qué imposible esa pretensión de estar con uno mismo! En nuestros tiempos sobretodo, en los que siempre estamos estruendosamente acompañados. ¡Qué refrescante se antoja esa ribera! Ahora que estamos acalorados de tanto trapo y compostura.
Me pregunto por qué Whitman se figura este descanso como una desnudez, un descaro. Qué odiosas voces lo obligaban a permanecer vestido, sensato. Qué deliciosa locura lo liberó.
Y yo, aquí, ahora, tan lejana de su tiempo, siento el contagio de su demencia con sólo leer sus versos. Yo también quiero ir a la ribera por el bosque. Quiero volverme insolente y feliz. Quiero recordar que en lo recóndito, estoy yo.
Talvez después de ese encuentro, tenga la fortuna de descubrir ese pasión desconocida que vivió Whitman: morirse de ganas por estar en contacto con uno.
¡Nunca te vistas, whitman! ¡Gracias por el regalo de tu alma desnuda!
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martes, 6 de marzo de 2007
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