lunes, 19 de mayo de 2008

La vida, esa intensa experiencia sensorial

Gracias por la paciencia, a todos aquellos visitantes fieles, ya deben haber adivinado que lo mio no es la constancia, sino la emoción del impulso. Disculpas por lo pasado y por adelantado también. (Para que nos vamos a engañar)
El pasado fin de semana estuve en un cata de vinos. Sí, así como lo leen. Nació del entusiasmo (e ignorancia en el tema) de un grupo de amigos y de la gentileza y paciencia de otro, apasionado por los vinos y ese delicioso mundo de sabores, olores y colores.
Todo lo verdaderamente bello tiene un ritual. Todo lo intrínsicamente humano debe empezarse siguiendo un protocolo y las parafernalias para que el alma y el cuerpo entren en calor. Así lo hicimos esa noche, en la cual mi mejor lección fue recordar cómo sabe la vida cuando nos damos tiempo para degustarla.
Mi amigo, el instructor, nos explicó que aquello no era una cata sino una degustación, pues de haber sido una cata en el sentido más estricto y técnico de la palabra, hubiéramos tenido que saborear el vino por unos segundos y luego... ¡Escupirlo en un recipiente! Idea que como adivinarán no tuvo gran acogida entre los presentes. ¿Dónde se ha visto que un guayaquileño va a desperdiciar de esa manera ninguna bebida alcohólica?
El primer detalle interesante fue que para decepción de muchos (¡la mía!) no pudimos empezar con el asunto, apenas abiertas las botellas. ¿Por qué? Ahí viene mi primer aprendizaje, el buen vino tiene que respirar, expandirse. Yo, en mi bendita manía de maquinar tonterías, imaginé a este vino joven desperezándose después de una cálida siesta en su cama de roble. Nadie lo culpa, después de todo encierro estamos entumecidos, mudos y un poco perezosos, no estamos listos para despedir todos nuestros aromas y sabores.
Mi amigo había insistido antes en extender un mantel blanco en la mesa donde estábamos sentados. Yo pensé que se estaba estresando mucho con ese detalle, que me parecía mera etiqueta, que más da si el mantel es rojo o azul. He aquí el segundo detalle, luego de tener el esperado protagonista de la noche en nuestras copas, mi amigo nos pidió que las inclináramos , para que así la luz transparentara el rubí de aquel exquisito frappato. ¡Ah el contraste fue bello, sobre ese limpio mantel de nieve! La confrontación es imposible si no hay claridad. Se necesita lo blanco, llano, vacio para contrastar. Cualquier otro fondo es ilusión, es miopía.
Finalmente, la hora de la verdad. Luego de las metódicas explicaciones de nuestro querido instructor, luego de que nos hizo caer en cuenta de todo el religioso proceso que hace posible el vino, luego de recordarnos que en cada trago se podía adivinar su peregrinar de uva, de roble, de frutas, de especias, de corcho, de botella, de encierro y de espera, ese famoso bouquet, del que escuché hablar tantas veces me sorprendió y embriagó de una manera nueva. Pensaba en que no puedes apreciar ningún nectar, si desconoces su trajín, su deambular. Si no tienes idea del por qué de su olor, de su dejo, de su pigmento, talvez el único placer burdo y común que consigas sea la borrachera.
Fue una noche divina de quesos, vino y conocernos. Fue también otro viaje para mí. Me gusta vivir mis experiencias como ajetreos felices, que me ayudan a abrir los ojos, a agudizar el olfato, a despertar el paladar. porque a la larga, qué es la vida sino lo que nos va dando la gana que sea.
Gracias Sebastian por compartir tu pasión con nosotros. Gracias, porque tu elixir granate me emborrachó con una nueva cordura. Nunca más me enojaré con la mudez del que se despierta, le daré su tiempo y seré paciente, para luego dejar que me regale todo su bouquet reposado y dulce. Recordaré que necesito una nívea mente para distinguir los contrastes que me esperan y me paladearé la vida como fruto de un delicioso vagabundear por imaginarios viñedos, barricas de roble y brillantes copas de cristal.
¡Salud!
(Dedicado a mi querido instructor Sebastian Cardenas y a todos los degustadores de esa noche)

4 comentarios:

Sebastián dijo...

Mi querida Mabel, gracias por la dedicación de esta entrada del blog, has dicho mucho a lo que poco puedo añadir, te has expresado tan elocuazmente que hasta emoción me ha dado, gracias a ti por ser como eres y por escuchar a este necio apasionado de viñas, corchos y Frapattos.

Y por supuesto que nos veremos pronto.

Gracias a ti mi bella gitana...

Arquelino dijo...

Yo me quedo con la lección del "respiro". Cuando quiera recordar todas las enseñanzas de esa noche regresaré por acá.

il bambino dijo...

vaya mi querida Malbec, perdón quise decir Mabel. Te dejo con Borges y su Al vino. El detalle del reposo (oxigenación) es tu característica, la contrastación (irónica) es la mía y el ¿maridaje?...

Al vino

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,negro vino que alegras el corazón del hombre.
Siglos de siglos hace que vas de mano en mano desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones les diste en el camino tu fuego y tus leones.
Junto a aquel otro río de noches y de días corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías.

Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.
En tu cristal que vive nuestros ojos han visto una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas del sufí eres la cimitarra, la rosa y el rubí.
Que otros en tu Leteo beban un triste olvido; yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.
Vino del mutuo amor o la roja pelea, alguna vez te llamaré. Que así sea.

Arquelino dijo...

La Gitana perdió su toque.

La Gitana no lo ha perdido. Se fue. No conozco una que haya echado raíces y su vida nómada me la ha arrebatado.

A dónde habrá ido. ¿Al norte de África? Francia tiene mal tiempo y la ibérica se hunde en pobreza.

Gitana, tu vida nómada no me es grata. Si al menos, a sazón de envidia, una postal que cuente la travesía me dé esperanza del posible encuentro casual.

Gitana, amazona gitana. Buen viaje, y disculpa este "payo" que te desea solo lo mejor.